Argentinos dio una función inolvidable en la cancha de Lanús, contra el equipo B del Grana.
¿Quién da más? ¿El piberío hambriento local? ¿El goleador paraguayo despechado? Se vende en dos... Momento, señores, hay más interesados. Allá, el Buitre agita sus plumas. ¿Sale por cinco? ¿Quién da más? El joven que recién entró ¿Seis? ¿Siete? ¿Nueve? ¡Vendido! Parecía una subasta. De ésas que se ven en las películas. Sacaban turno para convertir. La fiesta de goles que tuvo lugar el sábado ayer en el Sur excedió los límites de cualquier ping pong, de los análisis tácticos presos de la razón. Ayer, el corazón fue más. Sobre todo los de La Paternal, que casi no salen del paro con el 2-0 y que después palpitaron cada vez más fuerte, a medida que la remontada se convertía en goleada. Tan abultada fue que casi se olvidó que el equipo de Borghi tuvo todo para perderlo, y dio vuelta un resultado que muchos creían liquidado. Si hasta la platea gritó "Vamos, vamos, los pibes" cuando las ganas del once inicial de granate se cristalizaban en los goles de Aguirre y el resistido Salcedo. Después, la inexperiencia del combinado infanto-juvenil que puso Zubeldía pensando en la Copa y el clásico le jugó una mala pasada a Lanús. Bueno, seis malas pasadas. El hambriento Granate que salió a la cancha se durmió. Pasó de Doctor Jekyll a Mr. Hyde. Los errores en el fondo dieron lugar a los hombres del Bicho para crecer a medida que la metían, a partir de la figura de un Ortigoza que contagió desde el comienzo y distribuyó la pelota categóricamente hasta el final. El primer error de Lugo fue una premonición. Salió jugando con displicencia cuando el encendido Oberman se la robó y tiró un centro atrás que rebotó en Erramuspe (el gol debió ser anulado por offside de Calderón, quien estaba delante de la línea de la pelota cuando parte el pase de Cachete). Fue el descuento y el empate no tardó. Un mal pase de González le volvió a quedar a Cachete, se juntaron Calderón y Pavlovich y el error del Pulpo terminó en tanto del Buitre. En el complemento, en un abrir y cerrar de ojos uno podía perderse otra conquista. Ortigoza y Mercier se adueñaron del mediocampo y, mientras Prósperi pasaba a la derecha para reforzar la línea de tres del fondo, Oberman tenía más libertades. Pero, también, con la responsabilidad del desequilibrio, virtud que dejó vacante la partida de Hauche. A los 9', Pavlovich volvió a aletear después de ser más vehemente que Quintana para pelear una pelota en el área. El ingresado Sosa durmió a Erramuspe y la tocó suave ante la salida de Marchesín. Con la mano de Lugo y el penal sancionado por Pezzotta, el fondo de Lanús volvía a servirle en bandeja un nuevo grito a Argentinos. Y Ortigoza coronó su partidazo con un gol. La pinturita de Hernández y el descuento de Díaz ya eran anecdóticos. El Bicho ya había dado una función de lujo. |