Martes 24 de Enero de 2012 22:26    PDF Imprimir Correo electrónico
El Imperio del revés

El “simulacro” de David Cameron, el aumento relativo del aislamiento británico y el compromiso regional. ¡La Argentina, colonialista! ¡Y denunciada por Gran Bretaña! Ahora sí que estamos realmente en el mundo del revés.

El primer ministro David Cameron se “galtieriza”. Efectúa declaraciones rimbombantes a partir del compromiso diplomático de los países del Mercosur prohibiendo a los barcos con banderas de las Islas Malvinas atracar en sus puertos. Algo que parece lógico y natural, dado que las islas no tienen status político independiente alguno y su soberanía se encuentra en disputa para el derecho internacional.
Pero hay un punto importante que soslayan los que subestiman la declaración del Mercosur tachándola de insípida y sin efectos prácticos, ya que el buque al que no se le permite entrar en puerto baja la banderita isleña, iza la británica y amarra sin problemas, como ha sucedido incluso con fragatas de la British Navy. Desconsiderar la bandera de las “Falklands” significa, simbólicamente, desconocer también cualquier entidad política a los “kelpers”, cuyos deseos de seguir siendo británicos son el principal argumento que exhibe el gobierno de Londres para rechazar  el reclamo de soberanía argentino.
En sus dichos, a Cameron no le importó ni ir a contra corriente de la historia imperial de su país (cosa que le criticó el vicepresidente en ejercicio de la Presidencia, licenciado Amado Boudou) ni tampoco el hecho concreto de que la mayoría de los casos que son tratados en la actualidad en el comité de descolonización de las Naciones Unidas son precisamente territorios en disputa con Gran Bretaña. Es que el desempleo sube, la crisis prosigue, las tensiones con Alemania y Francia permanecen y, simultáneamente, se cumplen treinta años de la victoria británica en la Guerra de las Malvinas, con envío del Principito incluido, lo cual representa una buena oportunidad para aumentar la tensión con la Argentina.
A la declaración en el Mercosur, siguió la publicación de una carta del canciller Héctor Timerman, aparecida en The Times, y acompañada por una extensa nota de un periodista inglés instando a que se abran negociaciones. Esto llevó a los incisivos y críticos analistas de los medios argentinos a considerar que algo estaba cambiando en el gobierno británico si, justo The Times, el monopolio mediático conservador inglés, apostaba a resolver pacíficamente la cuestión de la soberanía. Y, sin mencionar los famosos derechos de los escasos dos mil kelpers, que con estoicismo ovejuno desafían al viento y al frío en esas rocas en los confines del Atlántico sur. En la divagación mecanicista berreta de los críticos comunicacionales vernáculos, The Times no podía ser otra cosa que vocero de Cameron.
Sin embargo, los analistas críticos que apoyan a Cameron podrían haber dicho otra cosa: que el periódico propiedad del grupo News Corporation, de Rupert Murdoch, se estaba vengando del gobierno británico por haber sido condenados, varios de sus periodistas, por escuchas ilegales a políticos y a miembros del jet set británico, desde su autoclausurada publicación amarillista News of the World. O, simplemente, recordar que The Times había apoyado fervientemente a los laboristas de Tony Blair (pero, ésos no eran “laboristas”, claro), porque Murdoch es un conservador, pero australiano, y por eso jugaba en contra de la postura del gobierno británico. Lo cierto es que David Cameron no la emprendió contra The Times y sí lo hizo contra la Argentina, y recibió, en el Parlamento, los aplausos de sus miembros más recalcitrantes, que pidieron que los argentinos recordaran el hecho de que “perdieron la guerra”. Sí, y “ganamos la democracia”, podría decirse al pasar. Cuestión que el primer ministro, a propósito, no menciona, como si continuara en el poder, todavía, la dictadura militar).
De todos modos, la maniobra “diversiva” de Cameron no parece surtir demasiado efecto. La opinión pública británica no se “prende” en la escalada, y el cacareo del primer ministro también está destinado a esconder, con frases altisonantes, el enorme recorte del gasto público (incluido el gasto en defensa) debido a la crisis. Su “falklarización”, el simulacro de escalada bélica, no parece darle demasiado resultado.
Y es un simulacro porque no hay ninguna posibilidad de que la Argentina participe en una acción bélica por la cuestión Malvinas (cosa que Londres sabe muy bien) y que, más aún, el gobierno argentino ha tendido un puente de plata al adelantar que ya era hora de enviar un embajador a la capital del Reino Unido.  Pero, ciertamente, el gobierno argentino está en un curso de “malvinización” de su política exterior, consciente del relativo aislamiento británico respecto de Europa, a partir de la decisión de David Cameron de no participar del plan de ajuste impulsado por Alemania y Francia.También el gobierno argentino cuenta de su lado a las administraciones progresistas que están en el poder en América Latina (y al efecto arrastre sobre un debilitado Sebastián Piñera en Chile), especialmente, el decisivo apoyo del gobierno de Dilma Roussef, cuyo canciller manifestó el alineamiento de Brasil con la Argentina respecto a la cuestión Malvinas en la cara del canciller británico William Hague, justo antes de la visita en ese país.
El movimiento de pinzas sobre Londres se completa con el intento de acercamiento a Estados Unidos, a partir de la designación de Jorge Argüello en la embajada en Washington, acompañado de algunos gestos del agrado de la administración de Barack Obama, para recuperar la iniciativa planteada por Hillary Clinton de que los Estados Unidos podrían ser mediadores en una negociación entre la Argentina y Gran Bretaña.
El representante de nuestro país en la OIEA (Organismo Internacional de la Energía Atómica de las Naciones Unidas), Rafael Grossi, visitará Irán el 28 de este mes para inspeccionar la marcha de su controvertido programa nuclear -gran parte del reciente tour del presidente iraní por América Latina estuvo destinado a lograr el apoyo de los países del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) a ese plan.
Una luz roja se ha encendido en el tablero de Estados Unidos al conocerse que Irán ha comenzado la producción de uranio enriquecido al veinte por ciento en la nueva planta de Fordo, cerca de Teheran; éste es el umbral técnico que, una vez superado, permite fácilmente el enriquecimiento al noventa por ciento, necesario para fabricar la bomba.
Grossi llegará a Irán en medio de la conmoción que causó el asesinato de uno de los principales científicos nucleares del país, Ahmadin Roshan, hecho en el cual Irán ve la larga mano del Mossad israelí. Por su parte, la OIEA dice contar con información de inteligencia que avala la preocupación acerca de que Irán consiga fabricar un arma nuclear. Pero, claro, lo mismo se decía de las armas bacteriológicas de Saddam Hussein que nunca aparecieron. De este modo, Grossi tendrá una tarea clave en momentos críticos, cuando Irán, como represalia, amenace con bloquear el estrecho de Ormuz y con eso, la salida del cuarenta por ciento del petróleo que abastece al mundo.
Y, ya que se habla de petróleo, evidentemente, el descubrimiento de crudo comercializable en las cercanías de las Islas Malvinas ha impulsado nuevos movimientos en el tablero de las relaciones internacionales, favorables a la postura argentina, contra lo que se pensaba. Brasil pretende, con su poderosa Petrobras, ser un protagonista en la explotación del crudo en el Atlántico Sur, y las compañías globales petroleras no se perderán el filón malvinero -si resulta productivo- por una disputa de soberanía, resabio de un imperialismo territorial ya caduco.
Se trata de un proceso muy complejo, de tensiones y negociaciones (de las que todavía no hay noticias), pero, hasta el momento, la Argentina ha movido sus piezas activamente y lo ha hecho de modo muy inteligente.

Publicado en el último número de la revista Debate.
Por Luis Tonelli